Tenía 29 años, dos hijos y estaba comenzando una nueva etapa de mi vida después de varios años difíciles, nunca imaginé que en medio de todo aquello, llegaría un diagnóstico que cambiaría por completo el rumbo de mi historia.
En ese momento había conocido a una persona muy especial, un día él sintió una bolita en mi pecho y yo le dije que estaba loco, que seguramente no era nada. Pasaron los días y él seguía preocupado, insistiendo en que debía revisarme, hasta que finalmente le conté a mi mamá y fui al médico.
Vinieron las consultas, los estudios, el ultrasonido, la mastografía y finalmente una biopsia, después llegó la noticia: tenía cáncer de mama.
Recuerdo que, aún escuchando la palabra cáncer, no pensé inmediatamente en morir, pensé “ok, ¿Qué sigue?” El 6 de julio de 2007 entré a cirugía, inicialmente se había identificado un tumor, pero durante el proceso descubrieron que eran dos y de diferente tipo, después llegó la quimioterapia.
Perdí el cabello, subí de peso, sentía un cansancio enorme y mi cuerpo comenzó a cambiar.
Durante el tratamiento también terminó aquella relación que había sido tan importante para mí, de un día para otro esa persona se fue de mi vida.
Durante mucho tiempo pensé que quizá apareció en mi camino por una razón, fue quien sintió aquella bolita y quien insistió hasta que fui al médico, siempre guardaré gratitud por eso.
Afortunadamente no estuve sola, mi familia me apoyó completamente y mis hijos fueron una parte fundamental de mi vida durante todo el proceso.
Después de la quimioterapia continuaron otros tratamientos y el seguimiento médico, cerré mi negocio y durante un tiempo mi prioridad fue una sola, atenderme, recuperarme y adaptarme a todo lo que estaba sucediendo. Fluir...
Porque el cáncer no solamente había cambiado mi cuerpo, había cambiado mi trabajo, mis relaciones, mis prioridades, mi manera de pensar y la forma en que veía la vida.
Poco a poco comencé una nueva historia, aprendí a darle menos importancia a muchas cosas que antes me preocupaban, a disfrutar más a mis hijos y a valorar el tiempo.
A los 15 días de haber terminado mi tratamiento oncológico, en abril de 2008, comencé a trabajar en una fundación dedicada al cáncer de mama, fue ahí donde empezó una nueva etapa de mi vida y donde comencé a prepararme en acompañamiento emocional y estrategias psicooncológicas, mientras conocía de cerca las necesidades de otras mujeres con cáncer y de sus familias.
Cuatro años después, en 2012, fundé Oncoayuda A.C., con la intención de crear el espacio que tantas personas necesitamos cuando llega un diagnóstico, un lugar donde encontrar información, orientación y, sobre todo, acompañamiento humano.
Han pasado 19 años desde mi diagnóstico y hoy puedo mirar hacia atrás y ver a aquella mujer de 29 años que entró a un consultorio sin saber cuánto iba a cambiar su vida.
No sabía que años después acompañaría a miles de personas con cáncer y a sus familias, escribiría libros, daría conferencias, desarrollaría proyectos educativos y crearía el Instituto de Tanatología Oncológica, tampoco sabía que algún día estaría escribiendo estas palabras para ti.
Por eso, si acabas de recibir un diagnóstico de cáncer de mama, quiero decirte algo que me hubiera gustado saber entonces: No tienes que ser fuerte todo el tiempo.
Puedes tener miedo, puedes llorar, puedes enojarte, puedes sentir incertidumbre y preguntarte por qué te está pasando esto, no necesitas convertirte en una “guerrera” ni demostrarle nada a nadie.
Necesitas atención médica, información confiable, una red de apoyo y personas que puedan acompañarte respetando lo que estás sintiendo.
Cada diagnóstico es diferente y ninguna historia puede prometerte lo que ocurrirá con la tuya.
Un día a la vez.
Mi nombre es Samantha Rodríguez, tengo 31 años y soy docente de preescolar.
Hace cuatro años fui diagnosticada con cáncer de mama hormonal, etapa 3, un diagnóstico que me tomó completamente por sorpresa, no creía que a mi corta edad, teniendo apenas 27 años, pudiera tener esta enfermedad.
Antes del diagnóstico tuve algunos síntomas a los que no les di la importancia necesaria porque creía que no eran nada, mi pecho se ponía rojo y caliente, también presenté secreción y una herida que llegó a sangrar.
Mi proceso oncológico lo he llevado a cabo en el Hospital General de México, donde la atención que he recibido ha sido excelente. Mi tratamiento comenzó con ocho quimioterapias, cuatro rojas y cuatro blancas, una cada mes, posteriormente me realizaron una mastectomía radical del lado izquierdo y recibí 25 sesiones de radioterapia. Después continué tomando diariamente anastrozol y, cada tres meses, recibía un implante de goserelina cerca del ombligo, tratamiento que llevé durante dos años.
Hace un año, durante mis estudios de seguimiento, encontraron que tengo metástasis en el esternón, por lo que ahora comienzo nuevamente con otros tratamientos y medicamentos que ayuden a disminuir la metástasis y a mantener la enfermedad controlada.
Durante todo este proceso mi familia me ha apoyado, especialmente mi mamá, quien ha estado a mi lado acompañándome a consultas y procedimientos, también cuento con una pareja que, a pesar de todo lo que ha significado este proceso, decidió quedarse, acompañarme y apoyarme.
Esta experiencia me ha enseñado a valorar la vida día a día, a disfrutar el presente y a seguir adelante ante los cambios que han llegado a mi vida.

Hola mi nombre es Karlos Magos Ortiz tengo 26 años .
Diagnóstico cáncer de mama (carcinoma globular inversivo) en etapa 2, extirpación de glándula mamaria derecha.
Mi atención médica fue en dos partes, primero fui a Fucam donde me mandaron literalmente a morir a mi casa, palabras del oncólogo porque ahí no atendían cáncer de mama para hombres pero sí para mujeres, posteriormente, fui al Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Subirán con una atención maravillosa y de primer nivel.
El apoyo con mi familia pues yo decidí callarme y muy pocos sabían, porque por el antecedente que yo había tenido de Fucam, tenía miedo, así que llevé mi proceso en silencio, hasta que por un podcast que yo no imaginé que se fuera a hacer viral, se acabó enterando toda mi familia, de ahí pues todo el apoyo estuvo muy bien tanto de amigos como de familia y nunca me dejaron a pesar de pues los problemas psicológicos que esto me causó.
Los principales síntomas que yo tuve fue el crecimiento de una bolita en la parte donde está la aureola del pezón y me empezó a salir un ligero líquido entre blanco y amarillento, el cual a mí me dicen que al principio era de grasa, posteriormente me hacen estudios y arrojan que tenía cáncer.
Hoy después de 4 años, me enseñó esto a salir adelante hoy soy licenciado en enfermería.
¡Y aquí estoy, viva! mi nombre es María Viridiana Méndez Maldonado
58 años, Ciudad de México
Tenía una vida perfecta hasta julio de 2017.
Me encontraba en una situación económica, emocional y física muy buena, estaba feliz y tenía todo lo que podía pedir, incluso planeaba mis próximas vacaciones para diciembre de ese año, pero la vida se encarga de ponerte en tu lugar y, sin más, vino el golpe.
Era julio de 2017 cuando me detecté una bolita, una “galleta”, como yo la nombraba, estaba enorme, así que no dudé en realizarme de manera privada un ultrasonido y una mamografía.
Mientras estaba con la radióloga, me comentó que no le gustaba lo que veía y que pondría la observación como grado 5 para que pudieran atenderme de inmediato en el IMSS.
Me realizaron una biopsia en el Hospital de Ginecopediatría del IMSS, el resultado fue positivo y me canalizaron al Centro Médico Nacional La Raza para recibir atención inmediata.
Al toro por los cuernos, vamos!
Recuerdo perfectamente aquel día que visité por primera vez las instalaciones ya como paciente, me atendió la doctora Jaqueline Gutiérrez, quien actualmente sigue dando consulta, y me canalizó con el doctor Talamantes, jefe de Oncología del hospital.
Fue tajante, era el 1 de agosto de 2017 y recuerdo perfectamente sus palabras: “Mija, tienes cáncer y yo te voy a atender, estamos a tiempo, vivirás”.
Ordenó de inmediato mis quimioterapias, cuatro rojas y ocho blancas, podía iniciar ese mismo día, eran aproximadamente las tres de la tarde, pero le dije que era mejor programarla para el día siguiente, 2 de agosto, pues debía avisar a mi jefe en el trabajo, así fue.
Y aquí inició un camino que yo no pedí, que nunca imaginé y mucho menos sabía cómo enfrentar.
Estuve alrededor de un año en incapacidad, de agosto de 2017 a julio de 2018, recibí cuatro quimioterapias rojas y ocho blancas, de agosto de 2017 a enero de 2018, después me realizaron una mastectomía radical izquierda con retiro de 12 ganglios, dos de ellos con metástasis, y posteriormente recibí 15 radioterapias, entre mayo y junio de 2018.
Durante el tratamiento vi cómo cambiaba mi físico, hubo días buenos y días malos.
Recuerdo especialmente el 31 de enero de 2018, mi cumpleaños, tenía un PET a las siete de la mañana y mi última quimioterapia a las tres de la tarde en el Centro Médico Nacional La Raza, cumplía 50 años enfrentando un cáncer y, al mismo tiempo, terminando por fin aquellas quimioterapias tan devastadoras.
Todo cambió, mi mundo, mi persona, mi yo, todo.
El 4 de julio de 2018 me mandaron a remisión y pude volver a mi trabajo.
Haré un paréntesis justo aquí.
En 2009 llegó a mi vida un angelito que dejó una huella imborrable, Kimbo, mi bóxer.
En febrero de 2021, un dolor muy fuerte en el pecho no me dejaba respirar, algo no estaba bien, acababa de pasar mi revisión semestral y la siguiente sería en agosto, fui al médico general pensando que se trataba de una contractura, me recetó desinflamatorios y el dolor se calmó durante unos días, pero volvió, era tal la intensidad que levantarme me costaba muchísimo trabajo y acostarme era todavía peor.
En agosto de 2021 llegó mi revisión semestral y algo me alarmó, tenía una protuberancia indolora en el esternón, de inmediato me realizaron nuevamente una biopsia y, en noviembre de 2021, se confirmó metástasis en esternón e hígado.
No es curable ni operable, solo tratable, y volvimos a empezar.
A la par de todo esto, mi Kimbo también enfermó, de un día para otro noté que su andar era más lento y que su mirada reflejaba una gran tristeza, en agosto de 2021 se puso muy malito, llamé a su veterinaria y logró estabilizarlo, volviendo por un tiempo a la normalidad.
Pero enfermó nuevamente justo cuando recibí el diagnóstico de metástasis y, el 23 de noviembre de 2021, ya no se levantó, lo miré a los ojos y entendí que era el momento de despedirnos, tenía 11 años.
El 24 de noviembre voló al arcoíris y mi dolor de esternón simplemente desapareció.
No puedo superarlo hasta el día de hoy, para mí, se sacrificó por mí y con nada podré pagarle lo que hizo, mi único consuelo es pensar que un día, cuando me llamen a cuentas, él estará esperándome para cruzar juntos el arcoíris y no separarnos ya más.
Mi médico actual, Roberto Iván Sánchez, mi ángel, fue muy directo: “No se preocupe, no hay manera de operar, pero tenemos tratamientos muy buenos que le darán calidad de vida por los próximos siete años”.
Justo al actualizar este testimonio, se están cumpliendo cinco años.
Ya me sabía el camino, ya lo había enfrentado una vez y logré contenerlo, regresó y lo detendría de nuevo.
El tratamiento ha sido muy agresivo, el abemaciclib me ha dañado mucho físicamente, el cansancio y el dolor de extremidades en ocasiones me detienen, pero no logran frenarme, también he perdido mucho peso, en 2017 pesaba 86 kilos y actualmente peso 67, por mi diagnóstico, es un tema que requiere atención.
Este 2026 me han realizado ultrasonidos de hígado y pelvis, los tumores han disminuido, algo que, en opinión de mi oncólogo, no es común.
El pasado 20 de julio tuve mi cita de revisión, todo estaba bien y me indicaron realizarme una tomografía con contraste junto con un gammagrama óseo, el tratamiento ha funcionado y los marcadores tumorales siguen a la baja, no tengo ninguna otra molestia.
Aquí quiero hablarles de una gran amiga cuya partida fue muy dolorosa para mí, Judith.
Fuimos juntas a la misma secundaria y vivíamos a unas calles de distancia, después de haber asistido a su boda, el destino nos separó durante años.
A principios de diciembre de 2023 salí a la tienda alrededor de las nueve de la noche y, justo en la esquina, me encontré con ella, ¡habían pasado más de 20 años sin vernos!
Apenas nos vimos nos abrazamos tan fuerte que sentí algo, aunque en ese momento no presté atención, en cinco minutos nos contamos nuestra vida y, antes de despedirnos, me invitó a su casa en Mérida, pasaría ahí las fiestas decembrinas y no quería estar sola, acepté sin más.
Me reuní con ella en Mérida el 26 de diciembre y pasamos juntas algunos de los días más increíbles que hubiera imaginado, recorrimos la ciudad, fuimos a Puerto Progreso, visitamos el impresionante Museo Maya y ella preparó la cena de Año Nuevo.
Tuvimos tiempo de contarnos todo aquello que nos dolía y nos pesaba, nos liberamos de tanta presión durante unos días, pero había que regresar a casa.
Seguimos en comunicación, aunque no volvimos a vernos, a pesar de vivir a unas calles de distancia.
El 3 de diciembre de 2024 recordé que rentaba su casa y que alguna vez me la había ofrecido, teníamos planeado viajar a Mérida en las vacaciones, así que le escribí por WhatsApp.
Acababa de fallecer, justo ese día.
Mi mundo se derrumbó otra vez, lo peor fue enterarme de la razón, cáncer de páncreas.
No me dijo nada, no lo mencionó.
¿Por qué?, ¿por qué no quiso compartirme ese dolor si sabía que yo lo estaba viviendo y podía, al menos, apoyarla y estar con ella?
Simplemente quiso pasar unos días conmigo y recordar aquella época en la que fuimos inmensamente felices.
Lo que aprendí es sencillo, la vida es prestada, no te anticipes ni te adelantes, hoy podemos estar felices y, en un segundo, vivir una catástrofe.
Ama, ríe, mira, aprende y VIVE, porque no sabes si en el próximo segundo tendrás la fortuna de hacerlo.
Demuestra a quienes amas lo importantes que son para ti, vive hoy, vive.
Y si la vida te golpea y te aplasta, respira hondo, toma fuerzas y levántate, porque mientras respires y sientas, ¡VIVES!
A lo largo de mi camino me he encontrado con muchas personas, unas veces me ha tocado darles apoyo, abrazar y consolar, otras, he sido yo quien ha recibido ese empujoncito para seguir.
Hoy siempre tengo una frase para quien se me acerca triste o llorando:
“No importa lo difícil que sea, tarde o temprano pasará, todo pasará”.
Y mientras llega ese momento, servir de apoyo para quienes reciben por primera vez un diagnóstico me ha dado grandes alegrías.
También he sufrido pérdidas, dolorosas, sí, pero el consuelo de saber que ya no hay más dolor en aquellos seres me da tranquilidad.
Eso es lo que para mí significa la resiliencia, poder dar tranquilidad y paz a quienes se acercan buscando una palabra de apoyo o consuelo.
Después de todo lo vivido, de los tratamientos, las pérdidas, los días buenos y los días malos, puedo decirlo:
¡Y aquí estoy, viva!

Si pasaste por un proceso de cáncer de mama, tu historia puede servir para brindar fuerza y esperanza a mujeres recién diagnosticadas, por favor envíanos un mensaje por WhatsApp solicitando las indicaciones para poder publicar tu historia en esta sección.